martes, 31 de julio de 2012

LA ENIGMÁTICA BUTACA CON RUEDAS


La habitación era lúgubre. Una rendija filtraba la luz e iluminaba la totalidad de un sillón. Cuero color miel, ruedas y apoya pies se posaban al centro de la enorme estancia desolada, descanso misterioso del enser.

            La claridad se extendía frente al añejo mueble, alfombra dorada oportuna hasta el desocupado trono. Dejaba conjeturar la finitud del tiempo, o, quizá ¿auguraba la espera de un nuevo pasajero? 

        Dentro del gran salón por el lado siniestro del mueble, visto desde el  interior del aposento, una abertura intuía el destello de un aguamanil sin llegar a precisarse, como indicando una salida presurosa.

        Su piso acusaba, a la diestra del solitario trono, una dilatada arruga producida por un enorme felpudo protector del horizonte de la estancia; dejaba a la imaginación un enorme y renunciado báculo. Reflejaba tristeza, desamparo…  La amplia sala agrandaba la soledad del asiento.

        El espacioso salón deslucía un techo reticular de lienzo beis entristecido, delataba toda la vetustez como colgajos de vestidura de piel añeja.  
  
        Sofá y fulgor de callejuela esperan la presencia de un próximo viajero sin boleto de retorno.

Eliéser Wilian Ojeda Montiel
Derechos reservados

 

 

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BODAS DE ORO

BODAS DE ORO

Soy de ti, tú eres de mí así